Aprendizaje-Servicio desde los cuidados

¿Estás pensando en darle una vuelta a alguna actividad del cole? ¿Crees que podría transformarse en un servicio a la comunidad que sirviera para crear red y el alumnado aprendiera contenidos, competencias y valores importantes? Por si te animas a poner en marcha un proyecto de Aprendizaje-Servicio, te presentamos un resumen de dos guías muy útiles que recogen los pasos que puedes dar para ponerlo en marcha, incorporando una perspectiva de cuidados.

El Aprendizaje-Servicio es:

Una propuesta educativa que combina procesos de aprendizaje y de servicio a la comunidad en un solo proyecto bien articulado, en el que los participantes aprenden a trabajar en necesidades reales del entorno con la finalidad de mejorarlo (Pedro Uruñuela).

El Aprendizaje-Servicio mejora los resultados escolares, motiva al alumnado al darle un sentido a sus aprendizajes, favorece un buen clima de aula, promueve un aprendizaje competencial que prepara para la vida, conecta los aprendizajes que tienen lugar dentro y fuera de la escuela y aprovecha recursos comunitarios para ello, y promueve una actitud de servicio hacia las demás personas, desarrollando competencias para el cuidado de la vida. Muchos de estos factores son coherentes con los principios de personalización de los aprendizajes, ya que promueven la conexión de los distintos entornos en los que el alumnado aprende, conecta y otorga sentido a los aprendizajes escolares, educa para ser competente y poder aprender a lo largo y ancho de la vida… (Coll, 2016).

Desde esta perspectiva, no podemos trabajar desde el ApS dejando en el margen el cuidado de la vida. ¿Cómo trabajar el Aprendizaje-Servicio desde una mirada de cuidados? ¿En qué consiste esto exactamente?

En impulsar experiencias que conecten y articulen los conocimientos y las competencias curriculares con un servicio a la comunidad poniendo en el centro de la intervención a las personas que la hacen posible, alumnado, profesorado y eventualmente a todas las personas a las que afecta la experiencia y a las interrelaciones entre éstas (InteRed, 2017).

Es decir, poner en el centro de toda la experiencia a las personas, sus sentimientos, sus emociones y el deber de todo el mundo de cuidarse y cuidar al resto, a fijarnos en cómo se están sintiendo en cada fase y en cada momento de la gestión y el desarrollo de la experiencia ApS (InterRed, 2017).

Existen a nuestra disposición varias guías de Aprendizaje-Servicio que pueden ayudarnos a diseñar actividades de enseñanza-aprendizaje basadas en esta metodología y sus principios. Una de ellas es la “Guía Aprender cambiando el mundo”, elaborada por Pedro Uruñuela. Esta guía describe en qué consiste el ApS y recoge varios ejemplos de proyectos que se han llevado a cabo en distintos centros educativos. Además, recoge las principales fases o pasos básicos para implantar un proyecto de ApS. La “Guía de Aprendizaje-Servicio con mirada de cuidados” nos recuerda los aspectos que debemos contemplar para que los cuidados se tengan en cuenta en el proyecto.

 

¿Cuáles son las fases de un proyecto de ApS y qué aspectos son importantes desde una mirada de los cuidados?

  1. El punto de partida.
    • Partir de la realidad del centro. Aprovechar alguna actividad que ya se esté llevando a cabo en el centro, y ampliarla desde el punto de vista de ofrecer un servicio a la comunidad; partir de proyectos de ApS que se hayan llevado a cabo en otros lugares y funcionen, adaptándolos a las características del centro; sumarse a un proyecto que ya funcione; mapear las necesidades del entorno…
    • Detectar una nueva necesidad, ya sea de la clase, el centro, la comunidad… Desde una mirada de cuidados, es importante que en el análisis de la realidad participe el alumnado. Además, ésta debe analizarse en términos de vulneración de derechos de las personas, teniendo en cuenta enfoques ecosociales como la justicia social y la solidaridad, el género, la interculturalidad, etc.
    • Contactar con entidades sociales. Muchas veces es necesario conectar con asociaciones y entidades del entorno. Esto, además, va a fomentar que se produzcan conexiones entre los aprendizajes del alumnado que ocurren dentro y fuera de la escuela. Desde una perspectiva de cuidados, el trabajo en red con otras entidades y colectivos del entorno es fundamental, e implica hacerlo desde un plano de igualdad, reconociendo nuestras limitaciones y nuestra voluntad de unir esfuerzos para lograr un bien común y cooperar.
  1. Motivar al grupo.
    • Interesar al alumnado en el proyecto. Los alumnos y alumnas van a ser las protagonistas del proyecto, por lo que es necesario despertar su interés y sus emociones en ello. Esto facilitará que el alumnado otorgue un sentido a sus aprendizajes, al conectarlo con la dimensión emocional y con sus intereses.
    • Trabajar la participación. Para mantener el proyecto es indispensable que el alumnado participe en el proceso de definición, planificación y organización del proyecto. Desde la perspectiva de los cuidados incidimos en esta idea: la importancia de que el alumnado participe en la toma de decisiones. Para ello, es importante también conocer al grupo, sus actitudes, sus dinámicas, etc., y cuidar mucho el proceso, aclarar sus dudas, atender a sus inseguridades y miedos, etc. Es decir, tener en cuenta a nuestro alumnado en toda su totalidad, incluyendo los aspectos emocionales y relacionales.
    • Primer boceto del proyecto. Concretar todas las decisiones con el alumnado en un borrador que recoja la necesidad a la que se va a hacer frente, los aspectos del servicio que se va a poner en marcha, las personas destinatarias, cómo se va a organizar en el tiempo, los aprendizajes que se derivarán de la iniciativa, cómo se evaluará… También es importante fomentar la reflexión con el alumnado sobre lo que se ha aprendido en estas primeras fases.
  1. Planificación.
    • Programar el servicio. Concretar y programar el tipo de servicio que se ha esbozado, identificando los objetivos, las tareas, los aprendizajes escolares que se vinculan al proyecto, cómo se van a evaluar los resultados, etc.
    • Prever los aprendizajes. Identificar qué contenidos, competencias y valores se van a trabajar, qué herramientas conceptuales y socioemocionales necesita el alumnado, desde que ámbitos o materias se van a trabajar estos aprendizajes, y cómo se van a evaluar.
    • Diseñar el plan. Recoger toda la información recabada hasta ahora e identificando las responsabilidades que corresponden a cada persona, los medios necesarios, el calendario, las reuniones de coordinación, la información que es necesario transmitir… Si tenemos una mirada de cuidados, no podemos olvidarnos en esta etapa de hacer que sea una intervención verdaderamente transformadora, y que no se convierta en simplemente un “parche” a la realidad. Además, de cara a la organización del trabajo, debemos tener puestas las “gafas violetas” para atender a los roles que asumen chicos y chicas en el reparto de las tareas, cómo son los liderazgos en los grupos, quiénes asumen las portavocías, quiénes asumen roles que pasan más desapercibidos, etc.
  1. Realización del proyecto.
    • Ejecutar el servicio. Es importante hacer un seguimiento lo más individualizado posible, ya que siempre aparecen factores imprevistos, identificar las dificultades y los refuerzos que necesita el alumnado, cuidar la motivación del grupo a través del contacto personalizado, cuidar la relación con las familias, etc. Desde la mirada de los cuidados es importante tener en cuenta cómo se sienten las personas con las que colaboramos, especialmente las que reciben el servicio, lo que hace necesario trabajar con el alumnado aspectos como la horizontalidad, los prejuicios, el no-juicio y la empatía, respetando los procesos de las personas involucradas.
    • Registro y comunicación de la acción. Es importante ir registrando todo lo que se está haciendo en distintas modalidades (escrita, audiovisual, gráfica…), lo que facilitará la evaluación, la consolidación del proyecto y la difusión de la experiencia al exterior. Desde la perspectiva de los cuidados, no podemos olvidar que es importante registrar, comunicar y difundir también las emociones que han generado cada una de las experiencias, poniendo en valor dichos sentimientos y a las personas en sí mismas. Además, hay que cuidar la difusión que se hace del proyecto, no generando estereotipos de los grupos vulnerados ni promocionando actuaciones asistencialistas. La difusión debe perseguir la sensibilización, la concienciación, la incidencia política y el cuestionamiento del sistema que genera situaciones de injusticia.
    • Reflexión sobre la ejecución. La reflexión debe ser un elemento transversal en todas las fases del proyecto, ya que permite hacer reajustes, consolidar los aprendizajes y recoger las impresiones de los agentes implicados.
  1. Evaluación, celebración y mejora.
    • Evaluación de los resultados. Es necesario evaluar, por un lado, los resultados del servicio, el impacto que se ha logrado de cara a la sociedad y al entorno del centro. Por otro, es importantísimo evaluar los aprendizajes que se han desarrollado en el alumnado a lo largo del proyecto. Además, es importante que el grupo y el profesorado hagan una autoevaluación del funcionamiento del grupo, del papel de guía del profesorado, de la colaboración con las entidades, la sostenibilidad del proyecto, etc. Desde la mirada de los cuidados no podemos olvidar que en esta fase es importante también recoger y evaluar las emociones que nos ha generado la experiencia, para aceptarlas y profundizar en sus porqués. Debemos analizar cómo nos ha afectado personalmente la experiencia, qué cambios se han generado en nosotras y nosotros como individuos y como grupo, así como el compromiso contraído con el grupo, la comunidad y las personas que recibieron el servicio. También es importante analizar en qué medida se han tenido en cuenta a lo largo del proyecto los enfoques de derechos, de género, de interculturalidad, ecosociales…
    • Celebración. El centro debe reconocer, agradecer y celebrar los resultados y los esfuerzos de cada participante. Es una forma de asentar los aprendizajes que se han generado. Es muy interesante compartir y comunicar los resultados con las familias y las entidades sociales, reforzando los lazos y las relaciones de cooperación e implicación. Así, desde la mirada de los cuidados, se estaría celebrando el poner en el centro a las personas, su autoestima y su compromiso social, potenciando los vínculos y los cuidados con el alumnado, el profesorado, las entidades y las personas que han recibido el servicio.
    • Sostenibilidad y mejora del proyecto. El último paso implica garantizar las condiciones para que el proyecto pueda repetirse, institucionalizándolo y haciendo que forme parte de la práctica del centro. Para ello es muy importante tener en cuenta la evaluación y la reflexión llevada a cabo a lo largo de todo el proceso.

En la guía “Aprender cambiando el mundo” (elaborada por Pedro Uruñuela) podéis encontrar cada una de las fases desarrolladas, con varias ideas clave fundamentales para cada uno de los pasos y que pueden ayudaros si estáis pensando en desarrollar un proyecto de ApS. La “Guía de Aprendizaje-Servicio con mirada de cuidados” (elaborada por InteRed) incluye también varias preguntas que podemos hacernos en cada fase para asegurarnos que estamos teniendo en cuenta la perspectiva de los cuidados. Además, ambas guías ofrecen varios ejemplos de proyectos de Aprendizaje-Servicio que se han puesto en marcha en centros educativos y que pueden servirnos de inspiración.

 

 Fuentes:

Coll, C. (2016). La personalización del aprendizaje escolar. El qué, el por qué y el cómo de un reto insoslayable. En J. M. Vilalta (Dr.). Reptes de l’educació a Catalunya. Anuari d’Educació 2015. Barcelona: Fundació Jaume Bofill. Traducción de Iris Merino.

InteRed (2017). Guía de Aprendizaje-Servicio con mirada de cuidados. Una aproximación desde nuestras prácticas. Moebius Creativa.

Uruñuela, P. (s.f.). Aprender cambiando el mundo. El Aprendizaje-Servicio en la práctica. Edebé.

 

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