¡Anulemos el desperdicio de alimentos!

El próximo martes, 5 de junio, se celebra el día internacional del medio ambiente instituido hace ya 44 años por Naciones Unidas. Para esta ocasión, queremos dedicar la entrada de esta semana a un tema muy acuciante y en fuerte aceleración en los últimos años, como es el del desperdicio alimentario.

Según la definición del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA) en el marco de la Estrategia ‘Más alimento, menos desperdicio’, se consideran desperdicio tanto los alimentos que se tiran a la basura por deterioro, tal y como se compraron sin que haya habido ningún tipo de elaboración por parte del consumidor/a, como aquellos productos desechados una vez cocinados. Si miramos los datos, entre octubre de 2015 y septiembre de 2016 los hogares españoles tiraron a la basura 1.245,9 millones de kilos de alimentos en condiciones de ser consumidos (24 millones de kilos semanales). Para el ‘Informe del consumo de alimentación en España en 2016’, elaborado por MAPAMA, la fruta es la categoría que más se desperdicia (343,6 millones de kg), seguida de las verduras y hortalizas (167,1 millones de kg), los lácteos (125,0 millones de kg), las bebidas (72,0 millones de l), el pan (66,3 millones de kg) y los cárnicos (58 millones de kg). Las cifras son muy impactantes, aunque la tendencia parece apuntar a una reducción de los kilos que se tiran a la basura: en marzo de 2017 en España se registró un 1,1% menos de alimentos desperdiciados que en esa misma fecha el pasado anterior.

En la guía Desperdicio alimentario. Material de Educación al Desarrollo con una visión Norte-Sur de la Red de Consumo Solidario y Espacio por un Comercio Justo, Jordi Gascón y Xavier Montagut, sus autores, hacen una reflexión muy oportuna que nos da pie a introducir el material didáctico para trabajar el tema del desperdicio alimentario en el aula. Desde que esta problematica empezó a ser considerada  objeto del análisis académico y ámbito para la intervención institucional, las aproximaciones al fenómeno han sido diversas: de concepciones reduccionistas que consideran que el problema se debe a una  determinada cultura de consumo o a ineficiencias logísticas, a otras que encuentran las causas en el modelo agroindustrial, en contra de la soberania alimentaria. El material que os proponemos enfoca el  problema  desde esta segunda perspectiva. Además, hay que considerar que los países en desarrollo sufren más pérdidas de alimentos durante la etapa de producción agrícola, mientras que en las regiones de ingresos medios y altos, el desperdicio tiende a ser mayor a nivel del comercio al detalle y el consumo.

Aceptando que la pérdida de la cultura alimentaria o las distorsiones logístico-tecnológicas tienen un  papel en el problema, Gascón y Montagut argumentan que una mirada desde la Soberanía Alimentaria ofrece una perspectiva más detallada y sensible de cómo se produce el desperdicio.   Una perspectiva que pasa por preguntarse si los diferentes modelos de producción y distribución de alimentos tienen una diversa implicación en el problema. O si no juegan también un papel las desiguales relaciones de poder que existen entre los distintos agentes participantes en la cadena agroalimentaria.

Cuando se desperdician alimentos, también se malgastan los recursos naturales usados para obtenerlos. En ese sentido, desde la perspectiva de los impactos ambientales, se calcula que la huella de carbono del despilfarro de alimentos se estima en 3.300 millones de toneladas equivalente de CO2 de gases de efecto invernadero liberados a la atmósfera por año. En lo referido al volumen total de agua que se utiliza cada año para producir los alimentos que se pierden o desperdician (250km3), que equivale al caudal anual del río Volga en Rusia, o tres veces el volumen del lago de Ginebra. Del mismo modo, 1.400 millones de hectáreas –el 28% por ciento de la superficie agrícola del mundo- se usan anualmente para producir alimentos que se pierden o desperdician. Y las emisiones de metano de los vertederos representan una de las mayores fuentes de emisiones de GEI del sector de los residuos. Esto sólo para citar algunos de los datos más relevantes en terminos de impactos sobre el medio ambiente.

El material didáctico que os invitamos a descargar, dirigido a niveles de  ESO y  Bachillerato, está estructurado en dos partes:

  • En la primera, se presentan los elementos básicos a los/las docentes para entender el fenómeno del desperdicio de alimentos  desde perspectiva antes comentada.
  • En la segunda, se ofrecen diversas propuestas didácticas para la aplicación de los conceptos planteados en el aula, basadas en el uso de material fílmico, análisis de textos y propuestas didácticas a partir de juegos.

 

Ejemplo de propuesta didáctica mediante análisis de un texto: Desperdicio en el transporte de alimentos. Cerdos y mangos

Los alimentos son productos perecederos. Por lo tanto, es normal que hayan pérdidas en su traslado del campo hasta el/la consumidor/a. Por eso, la distancia juega un papel importante la pérdidas de alimentos: cuanto mayor es la distancia que recorre el producto, mayor son las posibilidades de que se estropee. Las causas son múltiples: golpes, rotura de la cadena de frío, sobrecalentamiento, pérdida de agua del alimento, etc. Por ejemplo, un estudio sobre transporte de ganado ovino destinado al matadero en Argentina descubría que había una relación directamente proporcional entre la pérdida de peso del animal por estrés y la duración del viaje. Otra investigación sobre el transporte de ganado bovino, en este caso en los Estados Unidos, descubría que cuanto mayor era la distancia recorrida y el tiempo invertido en el transporte, mayor era la pérdida de carne: en un viaje de dos días a 320 km diarios se perdía algo más del 5% de la carne por merma de peso del animal. De esto se deduce que cuanto mayor distancia hay entre la zona de producción y la de consumo, mayores son las mermas. Pero más importantes que las mermas son las pérdidas por alimentos estropeados. A mediados de la década pasada, Vietnam, un país que se ha especializado en la exportación de alimentos, calculaba que las pérdidas en sus exportaciones de fruta con destino al resto de Asia, Europa y Estados Unidos eran entre el 10 y 15%. En el caso del transporte animal se puede hablar de auténticas matanzas. Por ejemplo, en 2006 el transporte de ganado porcino en los Estados Unidos supuso la muerte de casi 230.000 animales.

El mango en Australia y el desperdicio de agua. La producción de un kilogramo de mango en Australia requiere aproximadamente 2.298 litros de agua. Sin embargo, debido a las pérdidas en las etapas de transporte y consumo, el gasto medio de 1 kilogramo de mango consumido por una familia australiana es 5.218 litros.

(Extracto del libro:  “Alimentos desperdiciados. Un análisis del derroche alimentario desde la soberania alimentaria”, de Montagut y Gascón, Icaria, 2014)

Objetivo de la técnica: Conocer cómo la distancia recorrida por el alimento es directamente proporcional con los volúmenes de alimentos desperdiciados.
Cuestiones para la reflexión en el aula: 
1. Averigua que quiere decir “merma”. ¿Crees que se puede considerar una forma de desperdicio de alimentos? ¿Por qué?
2. En el supermercado o en la frutería de tu barrio puedes encontrar manzanas producidas en Lleida y en Chile. ¿Que distancia hay entre tu casa y la zona de producción? ¿Por qué medios de transporte ha pasado la manzana chilena y la lleidatana?
3. Intenta descubrir cuántos días de transporte han sido necesarios para que cada manzana llegue al punto de venta desde que se recogió del árbol.
4. ¿Qué manzana ha tenido más posibilidades de estropearse en el transporte? ¿Por qué?
5. Analiza el coste energético del transporte. ¿Qué manzana ha consumido más petróleo?
Para profundizar:

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