No se trata de poner toda la carne en el asador, sino de sustituirla por vegetales

El Día Mundial Sin Carne se viene celebrando por colectivos ecologistas y vegetarianos desde 1985

El Día Mundial Sin Carne se viene celebrando por colectivos ecologistas y vegetarianos desde 1985 con un éxito creciente, siendo la campaña más grande del mundo para educar a las personas en las bondades de una dieta basada en los vegetales.

La elección de la dieta es concebida como un acto supremo de libertad, únicamente condicionado por el poder adquisitivo y las opciones de compra de cada consumidor. Este acto individual y racional generalmente desvincula nuestros hábitos alimentarios de los impactos socioambientales que inducen, ya sea por desconocimiento, por inercia cultural o por mero placer del paladar.

El crecimiento económico y la mejora en las condiciones de vida han ido asociadas generalmente a un aumento de los aportes de la proteína animal en la configuración de la dieta. Esto se ha traducido en que la producción mundial de carne se ha multiplicado por cuatro desde 1960 mientras que la población únicamente se ha multiplicado por dos. Estos consumos de carne se han concentrado en las zonas del Norte Global y en los países emergentes.

Una dinámica que ha profundizado las asimetrías y las dependencias de los países del sur global, dificultando su seguridad alimentaria al priorizar los cultivos destinados al engorde del ganado por encima de las necesidades de la población local. El 40% de de las provisiones globales de grano se usan para alimentar animales con los que producir carne; es decir, 650 millones de toneladas de grano, cantidad equivalente a las necesidades anuales de calorías de más de 3.500 millones de personas. Un sistema éticamente cuestionable, aún dejando de lado cuestiones como el trato que reciben los anímales, los 20.000 litros de agua necesarios para producir un kg de carne, que la ganadería intensiva sea la mayor fuente de contaminación del agua o los riesgos para la salud derivados de la alimentación y antibióticos que se suministran al ganado.

“Nada beneficiará tanto la salud humana e incrementará las posibilidades de supervivencia de la vida sobre la Tierra, como la evolución hacia una dieta vegetariana”.

– Albert Einstein.

Este sobreconsumo cárnico de los países enriquecidos, al margen de otras consideraciones éticas, se ha convertido en una variable fundamental a la hora de abordar una estrategia rigurosa de transición energética y de mitigación del cambio climático. La cadena de producción de carne se encuentra relacionada directamente con la generación del 18% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, según la FAO, incluyendo las emisiones procedentes de la deforestación de ecosistemas primarios provocada por la ganadería intensiva para producir pastos, el transporte de la carne y la producción industrial del alimento.

La ganadería intensiva producen estiércol en forma líquida (los purines que liberan a la atmósfera hasta 18 millones de toneladas de metano al año) en contraste con los sistemas de producción local de ganado extensivos que, al ser sólidos y combinarse con la producción campesina, son extraordinariamente eficientes en el proceso de captura de gases de efecto invernadero y no generan cantidades significativas de metano.

En nuestra geografía el consumo de carne ronda los 61,5 Kg per cápita al año, con desviaciones según renta (a mayores ingresos mayor consumo de carne). Además conviene resaltar que en 2007 importamos 452.000 toneladas de productos cárnicos, que viajaron una media de 2.380 kilómetros hasta llegar a nuestra mesa.

Una dieta mayoritariamente vegetariana, con consumos ocasionales de carne de alta calidad producida ecológica y localmente, supone la única alternativa alimentaria viable. Un drástico cambio de costumbre que implica el desarrollo de una nueva cultura alimentaria (dieta, recetas, adaptación a los productos de temporada y las variedades locales…), que requiere de voluntad individual, estrategias colectivas y apoyos institucionales.

El Día Mundial Sin Carne se viene celebrando por colectivos ecologistas y vegetarianos desde 1985 con un éxito creciente, siendo la campaña más grande del mundo para educar a las personas en las bondades de una dieta basada en los vegetales. En este sentido conviene destacar iniciativas como la de la ciudad belga de Gante, que han dado un paso más en 2009 institucionalizando la significativa campaña los Jueves sin carne con un impacto social y mediático increíbles. Un día a la semana en el que la restauración colectiva municipal (comedores escolares, hospitales, residencias…) y muchos restaurantes de la ciudad solo sirven platos vegetarianos como forma de concienciar acerca del sobreconsumo de carne y de dar visibilidad a los problemas socioambientales que este genera.

Las pautas de consumo solo pueden concebirse como derechos cuando resultan universalizables. Las posibilidades de que se generalizara al conjunto de la población planetaria nuestro sobreconsumo de carne son ambientalmente nulas, además de éticamente complicadas. Ya no se trata de poner toda la carne en el asador, sino de sustituirla por vegetales.

2 thoughts on “No se trata de poner toda la carne en el asador, sino de sustituirla por vegetales

  1. La iniciativa con cada vez más adeptos es la de los Lunes sin carne. Una mayor educación nutricional en la población estaría bien. Comemos demasiadas proteínas (en mi dieta, por ejemplo, hay 10 raciones de hidratos de carbono y 3 de proteínas o 4 al día: es de dietista, titulada -esto hay que especificarlo-, ovovegetariana). Aún más: me voy a autocitar, que sé que no te importa:

    Pescado y problemas: http://veganizando.wordpress.com/2012/05/28/los-peces-y-sus-problemas/

    Carne y problemas: http://veganizando.wordpress.com/2012/06/15/la-carne-el-ganado-y-sus-problemas-i-lunes-sin-carne/

    La próxima vez que vaya a tu casa, te hago una comida vegana que te vas a chupar los dedos…

  2. Pingback: Cinco años para actuar - Cultura alimentaria y redistribución de la riqueza para combatir la obesidad

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