La vida en el centro del CENTRO

Esta semana os presentamos la guía “La vida en el centro del CENTRO”, un recurso elaborado por los grupos de la Red de educadores y educadoras para una ciudadanía global de Madrid y Valencia y publicado por Kaidara-Oxfam Intermón. La guía propone contenidos y actividades para trabajar la pedagogía de los cuidados en el marco de la educación para una ciudadanía global. Con el objetivo de visibilizar el mundo de los cuidados y las relaciones de interdependencia y ecodependencia que están a la base de una vida digna, se proponen distintos itinerarios para reflexionar y facilitar la construcción de nuevas formas de relacionarse teniendo en cuenta las desigualdades de género, y poniendo en el centro la equidad, la inclusión y la dignidad humana. Las actividades van dirigidas a toda la comunidad educativa y están diseñadas para poder ser adaptadas a distintos procesos y realidades en las que se trabaja en el ámbito de la educación formal y no-formal.

Más en concreto, este material didáctico pretende reflexionar sobre las causas de nuestro descuido y del descuido de la Tierra para aprender a cuidarnos, cuidar de nuestro entorno cercano y de nuestras relaciones, y cuidar de nuestro planeta.

Se propone comenzar con un diagnóstico como punto de partida, para después diseñar un plan de acción a partir del libro de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, adaptado a la realidad del centro o del aula. Con ello, se favorece la reflexión, el conocimiento, el diálogo y el compromiso y, al mismo tiempo, se proponen estrategias concretas para actuar en el entorno. Es un material flexible y abierto, a través de diferentes itinerarios que, a su vez, se pueden adaptar a las posibilidades y necesidades en función de la realidad de cada grupo, del tiempo que se tenga a disposición y de la dimensión de los cuidados que se haya elegido.

Tal vez el Principito de Saint-Exupéry vino a la Tierra para que aprendamos a cuidarnos. ¿Acaso el Zorro no representa a quienes educamos en los cuidados? Partiendo de esta intuición, este trabajo ofrece:

  1. Un documento de reflexión “Eres responsable de tu rosa”, basado en El Principito de Antoine de Saint-Exupéry.
  2. Una guía de actividades para trabajar la pedagogía de los cuidados con educadoras y educadores, familias y alumnado. Esta aplicación nos ayudará a abordar los cuidados, tanto desde la educación formal, como no formal. La guía va siguiendo, como hilo conductor, cada capítulo de El Principito incluido en el documento “Eres responsable de tu rosa”. Las actividades se pueden llevar a cabo de forma independiente, siguiendo el orden de los capítulos o eligiendo alguno o algunos de los itinerarios propuestos en función de los intereses de las personas, del grupo o del centro.

Aquí dejamos el enlace a la guía completa, para profundizar en cómo utilizarla en su totalidad y sobre el planteamiento pedagógico que propone.

Para esta entrada presentamos, como ejemplo de actividad, uno de los tema a trabajar dentro de las muchas propuestas: LOS FALSOS ALIMENTOS.

Ficha técnica

Objetivos: Al final de la técnica el alumnado valorará más la importancia de los autocuidados.

Asignaturas: Biología, valores, tutoría.

Público destinatario: 10 a 12 años, 12 a 14 años, 14 a 16 años.

Temporalización: Dos sesiones.

Desarrollo

Empezamos nuestro viaje y la primera tarea a desarrollar es LEER el capitulo 12 del Principito: El bebedor.

El viaje sigue y dedicaremos una parte del tiempo a PENSAR. ¿En qué cosa? En que el alimento es lo que nos hace crecer, lo que nos construye y nos permite edificar y cuidar nuestra “casa”, nuestro cuerpo y nuestra mente, donde podemos acoger y encontrarnos con resto.
Los “falsos alimentos” nos arrastran hacia la autodestrucción. “Parece” que podemos tomarlos, pero son ellos quienes nos toman y nos sacan fuera de nuestro ser, nos hacen “huir”, “olvidar”, “evadirnos”, “aislarnos” y “perder la conciencia”.
Fíjemonos despacio en el diálogo con el bebedor: es absurdo y al final vuelve al comienzo. La bebida ―como toda droga― es un círculo cerrado que impide a la persona abrirse, comunicarse y relacionarse con las otras personas y forjar una verdadera amistad. Su futuro es idéntico a su pasado: “instalado en silencio ante una colección de botellas vacías y una colección de botellas llenas”. Literalmente: no tiene futuro.
El bebedor nos representa una vida volcada en la búsqueda del placer inmediato, escapando sin fin del dolor, esclavizado a su propia huida, lo que disminuye su capacidad de gozar y le hace ser triste, avergonzarse de sí mismo y, finalmente, quedarse solo, incapaz de abrirse a quienes podrían ayudarle e incrementando el dolor que buscaba olvidar.
Con el bebedor aparece el colmo del des-cuido: el olvido del autocuidado, la incapacidad de protegernos y proporcionarnos lo que necesitamos para avanzar en la vida, lo que nos alimenta. Los bebedores no son vividores, son autodestructivos, pues sus vueltas solo tienen un final.
El Principito siente lástima de este pobre hombre cuya vergüenza no le sacará del pozo en que se hunde cada vez más: resulta sumamente difícil ayudar a una persona cuando se desprecia y descuida a sí misma, alimentando monótonamente las conductas y relaciones que tanto daño le hacen. Necesitan un cuidado muy especial. El niño no puede dárselo, solo puede marchar para ponerse a salvo del contagio: el autodescuido se expande con mucha facilidad.

Seguimos el plan, ESCUCHANDO “Mi suerte – vetusta morla”. ¿Qué nos sugiere?

Finalmente llega el momento de las ACTIVIDADES.

1. ¿ Y SI JUGAMOS…?:

Nos sentamos en forma de corro o rueda, de manera que cada participante pueda ver directamente al resto. Un participante hace inicialmente el papel de Antón Pirulero, mientras el resto debe elegir un instrumento de música imaginario y hacer como si lo tocara. Por ejemplo, quien elija la flauta pondrá sus dedos delante de la boca como si estuviera tocando ese instrumento, quien elija el tambor hará movimientos con sus manos como si en ellas tuviera dos palillos para redoblar sobre el tambor, quien elija el piano moverá sus manos y sus dedos sobre un teclado imaginario, y así sucesivamente con el violín, las castañuelas y cualquier otro instrumento que hayamos elegido.

Empieza el juego. Mientras se toca el instrumento musical imaginario, Antón Pirulero no toca a nadie, sino que con la mano derecha se da golpecitos en su mentón, mientras canta:

Antón, Antón,
Antón Pirulero,
cada cual, cada cual,
que atienda su juego
y el que no lo atienda
pagará una prenda.
Antón, Antón,
Antón Pirulero
cada cual, cada cual…

En cualquier momento, Antón Pirulero deja de golpearse el mentón y súbitamente, sin dejar de cantar, empieza a tocar el instrumento que está tocando otro de los jugadores. En ese momento, quien esté tocando ese instrumento tiene que dejar de tocarlo y comenzar a darse golpecitos en el mentón, adoptando el papel de Antón Pirulero. Si no lo hace o se confunde al hacer el cambio, pierde y debe abandonar el círculo. Si los jugadores y jugadoras están muy atentas al juego, Antón Pirulero puede cantar más deprisa y hacer cambios rápidos para ver si logra atrapar a alguien, aunque puede suceder que se confunda él mismo y pierda.

2. ¿ Y SI HABLAMOS…?

El juego tradicional de Antón Pirulero nos lleva a pensar en nuestra falta de atención personal y la dificultad de prestar atención a nuestro autocuidado.

¿Qué aspectos de nuestra salud y nuestra vida no estamos cuidando como deberíamos? Puede tratarse de aspectos físicos de la salud o la alimentación, pero también de hábitos de vida (prisa, estrés, exceso de trabajo, dependencia del móvil, falta de descanso, manera de conducir, etc.) o aspectos socioemocionales (mal humor habitual, no dedicar tiempo y atención a amistades, relaciones familiares, aficiones o intereses culturales, formación
personal, estudios, etc.).

¿Cuidamos lo que nos alimenta de verdad y nos hace crecer o dedicamos excesivo tiempo a cosas que no tienen ningún valor ni merecen la pena o, incluso, son decididamente perjudiciales? ¿Creéis que se valora en nuestra sociedad el autocuidado o, por el contrario, se aprecian las prácticas de riesgo y el descuido como indicadores de valor y audacia personal (especialmente entre los hombres)?

3. ¿ Y SI VOLAMOS…?

Vamos a cerrar los ojos e imaginar cómo sería nuestra vida si nos cuidásemos de verdad, si dejáramos de una vez atrás nuestras pequeñas o grandes dependencias y hábitos negativos para adoptar formas de vida más libres y saludables, para dedicar nuestro tiempo a lo que nos hace crecer, gozar, reír y disfrutar la vida compartiéndola con las personas que queremos y nos quieren.

4. ¡Y AHORA ATERRIZAMOS…!

No hay mejor aterrizaje que buscar un compromiso concreto para empezar a cuidarnos personalmente en un aspecto de nuestra vida en el que podamos mejorar cambiando algo pequeño, pero significativo, y poner en ello toda nuestra atención desde este mismo momento.

Tal vez podamos, incluso, encontrar algo para mejorar nuestro autocuidado en grupo: clase, familia, centro.