El agua como elemento de análisis de conflictos ecosociales

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El 22 de marzo es el Día Mundial del Agua, con ese motivo os presentamos una técnica diseñada por Pau Salarich que aborda el agua no solo como un elemento indispensable para el ser humano, sino también como una herramienta central en las relaciones de dominación a nivel global.

Nivel
2º ciclo de ESO y Bachillerato: Geografía e Historia (4º ESO); Valores Éticos (4º ESO); Filosofía (1º Bachillerato); Historia del mundo contemporáneo (1º Bachillerato); Historia de la filosofía (2º Bachillerato); Geografía (2º Bachillerato); Ciencias de la Tierra y el medio ambiente (2º Bachillerato).

Objetivo general de aprendizaje
El alumnado adquirirá conocimientos generales sobre el agua: importancia; acceso igualitario; necesidad.

Temporalización
Una clase alargable a más.

 

Desarrollo de la técnica
El trabajo consistirá en un comentario de texto con una serie de preguntas que lo articulen.

Texto base
Por simple que parezca, se puede decir que el agua apenas es el resultante de la unión de tres moléculas: dos de hidrógeno y una de oxígeno. No obstante, a pesar de su aparente simplicidad, es bien sabido que el agua es de vital importancia para el ser humano. Al igual que lo es para el resto de seres y para la biodiversidad en general: el agua es determinante en los ecosistemas. Este rico elemento es necesario para el consumo humano y para el desarrollo de nuestras actividades económicas, como la agricultura, la ganadería, la industria, el turismo y el ocio. Por este motivo, la preservación y un uso responsable del agua son beneficiosas en infinitos aspectos. El agua puede llegar a determinar el nivel de desarrollo económico de un país o una región, así como el nivel socioeconómico de las personas. Lo que venimos a evidenciar es que el agua es vida y estilo de vida, pero ante todo, el control del agua es poder. Y si hablamos de poder inevitablemente hablamos de conflictos.
La falta de agua puede dar lugar a fatales consecuencias para nuestra salud, para el desarrollo de nuestras actividades económicas y para el medioambiente. Tristemente, ambas son una realidad que debemos tener en cuenta. Realidad que, una vez más, nos hace hacer pensar en el agua como un elemento de poder. Pues si su existencia es limitada, su posesión es codiciada. Es importante señalar algún aspecto común a los conflictos pertenecientes a esta temática, como es el hecho de que no todos los Estados tienen acceso directo a los lagos, a los ríos o a los acuíferos de los que poder obtener agua dulce, como tampoco lo pueden tener a los mares y océanos. Además, tampoco pueden ‘presumir’ de tener precipitaciones constantes. Con las personas ocurre lo mismo. La condición de clase está ligada al acceso al agua.
Si nos fijamos en la cantidad de agua, los datos indican que la inmensa mayoría (97,5%) es salada. La cantidad restante (2,5%) representa al agua dulce, del cual solo una pequeña parte se encuentra en la superficie y en la atmósfera (0,4%) -lagos, ríos, humidad y vapor, seres vivos-.
En torno a 800 millones de personas carecen de acceso a aguas potables (la cifra aumenta si nos referimos al saneamiento, situándose en 2.600 millones). Y aunque estas cifras ya revelan una situación preocupante, la realidad es mucho peor aún, porque millones de personas pobres que viven en asentamientos precarios simplemente no están contabilizadas en las estadísticas nacionales –por lo que podríamos estar hablando de más de 1.000 millones de personas-. Como recogió en el informe de “buenas prácticas” de la anterior Relatora Especial sobre el Derecho al Agua potable y al Saneamiento (Catarina de Albuquerque), «el acceso al agua potable y al saneamiento es esencial para que las personas puedan vivir una vida digna e incide en una mejora de la salud, del acceso a la educación y de las oportunidades laborales. A escala social, una población que tiene acceso a servicios de agua potable y saneamiento disfrutará de mejor salud, tendrá una mayor disponibilidad para trabajar y podrá contribuir al desarrollo y al crecimiento económico, además de vivir en un entorno más limpio».
Por si no nos bastara con la falta de acceso y la escasez, nos encontramos con que ríos, lagos y humedales sufren una de las crisis de biodiversidad más profundas de las existentes en la biosfera. Esta crisis de biodiversidad supone una degradación y quiebra ecológica que tiende a repercutir en las personas más pobres. Las causas básicas de la falta de acceso al agua y saneamiento radican en las desigualdades y la disparidad en las relaciones de poder, y se ven agravadas por los retos sociales y ambientales, como la urbanización cada vez más rápida, el cambio climático, y la creciente contaminación y merma de los recursos hídricos.
Como hemos dicho, el agua tiene que ver con la concentración de poder. Esto se hace patente si ponemos el foco en la producción y la comercialización del agua, las cuales están controladas por pocas manos. Para tratar de comprender cuestiones como el acceso, la asignación o la equidad, debemos preguntarnos cuál es el nivel de implicación de la población en relación a estos temas, qué recursos tiene la sociedad civil para participar activamente en la toma de decisiones en torno al agua, etc.
Al hablar de agua, y más concretamente de acceso y de asignación, podemos tender a pensar en poblaciones de tierras áridas y desérticas en las que el agua escasea, o en aguas contaminadas en algún lugar lejano del otro lado del planeta. Al fin y al cabo en Occidente la gran mayoría de las personas tienen “acceso” al agua: parece que solo basta con girar el grifo para poder disfrutar de ella. Pero el sobreuso de agua es una realidad en Occidente (a costa de la explotación de acuíferos por encima de su tasa de recarga) y también la contaminación. Además en términos democráticos, los individuos que participan del consumo no forman parte del debate sobre las decisiones relativas en torno a la obtención, el reparto o el uso del agua. Lo deseable es intentar comprender cuál es la relación existente entre las poblaciones y el agua que consumen. El término acceso no debería ser entendido como la posibilidad de obtención de agua, sino como la implicación directa de la ciudadanía en la obtención. Es decir, tener acceso al agua no tiene que verse únicamente como la posibilidad de girar la llave y obtenerla; tener acceso al agua también implica participar de los pasos previos a su consumo. En este sentido, entran en escena un número variado de cuestiones a las que deberías tratar de dar respuesta. De momento, es importante definir alguna de ellas.
En primer lugar, se debe contemplar el grado de conocimiento que tiene la población respecto al agua que consume. ¿Y por qué el grado de conocimiento es tan importante? Porque el consumo es un acto político que suele pasar desapercibido, por lo que un consumo con conocimiento se traduce en un acto político coherente. En este sentido hay que preguntarse si sabemos de dónde proviene el agua, cómo y quién la transporta y la trata, o quién la comercializa. También cómo la consumimos, ya que el grueso del consumo no es directo, sino del agua requerida para producir los alimentos y bienes que consumimos.
La exposición de estos puntos requería en primera instancia hacer un llamamiento al conocimiento de la situación actual. Ya que si no sabemos de dónde viene lo que consumimos, no tenemos ningún poder de decisión sobre ello. Ahora bien, para poder tomar decisiones colectivas sobre el agua parece importante aceptar un pretexto: tenemos que asumir los límites existentes o las contradicciones que generan la situación actual (crisis de biodiversidad y/o ecológica, lucha de poder, materialización del agua, etc.). Quizás tenemos que plantearnos si como elemento democratizador hay que redefinir las necesidades de consumo de agua. Al igual que apunta Michael Löwy, entre otros, en relación a la energía, con el agua ocurre lo mismo: si queremos replantearnos las necesidades de consumo de agua (independientemente de cualquiera que sea su utilidad) seguramente debamos empezar por analizar si los niveles de demanda actual son los adecuados. Lo más lógico para este momento de urgencia, dada la situación expuesta en la introducción, es que el estudio de las necesidades no debe estar centrada en la demanda que la expansión del capitalismo genera, sino en la escasez que sufren muchos pueblos. Por este motivo, tomamos prestado el término de Joan Martínez-Alier, “la ecología de los pobres”,1 ya que la democratización del agua debe estar estrechamente ligada con las movilizaciones populares en defensa del acceso comunal a los recursos naturales, amenazados de destrucción por la expansión agresiva del mercado (o del Estado). De un mismo modo, también sería necesario incluir las propuestas de aquellos/as que luchan contra el deterioro del medio ambiente provocado por un intercambio desigual en materia de agua, una industria dependiente y derrochadora, un agronegocio contaminante, etc.
Como vemos, son muchos los aspectos a tener en cuenta. Aquí no están todos, solo algunos. Los procesos de participación pueden surgir desde distintos puntos o temas y, desde ahí, abarcar el resto. Un proceso de participación colectivo debería tener en cuenta toda esta diversidad de posibilidades a abarcar. Por ejemplo, no basta con que un colectivo local teorice sobre cómo y cuánta agua “producir”, sino que debería ser consciente que sus actos pueden tener un impacto global, por lo que deben generar sinergias con otros colectivos y aprender de otras experiencias para así poder darle un carácter universal a la participación.

Cuestiones para el debate
*¿Crees que el agua es importante?; ¿Por qué?
*¿Deberíamos preservarla?; ¿Qué podría ocurrir si no la preservásemos?
*¿Podemos vivir sin agua? ¿Existe algún sustituto del agua?
*Actualmente, ¿todos los seres humanos tienen igual acceso al agua? Si la respuesta es negativa, ¿cuáles crees que pueden ser los motivos de esta desigualdad?
*¿Sabes de dónde viene el agua que consumes?; ¿Qué ocurre antes de que abras el grifo en tu casa?; ¿Te parece importante saberlo?
*¿Consideras que dispones de todo el agua que necesitas?; ¿Piensas que en el mundo la gente cubre sus necesidades?; ¿Cuáles pueden ser las consecuencias de no disponer del mínimo de agua para las necesidades diarias?
*¿Sabes que hay propuestas que plantean un mínimo consumo universal como derecho humano básico? Investiga cuantos litros se proponen que sería ese mínimo.
*Cuando hablamos de democracia y agua, ¿en qué se plasma eso? ¿Gestión pública, común o privada?, ¿cómo se deberían tomar las decisiones?
* ¿Qué soluciones propondrías para un acceso más igualitario al agua?; ¿Es posible que nuestro consumo repercuta en aquellos/as que no cubren sus necesidades?; De ser así, ¿estaríais dispuestos a cambiar algún hábito?; ¿Qué haríais?
* ¿Quién es Michael Löwy? ¿Y Joan Martínez Alier? Averígualo.

4 thoughts on “El agua como elemento de análisis de conflictos ecosociales

  1. Nos parece un recurso didáctico muy interesante para concienciar a los alumnos de la importancia del agua y de su escasez a nivel mundial.

  2. Pingback: Tiempo de actuar | Puertas

  3. Pingback: Tiempo de actuar | Los juegos del agua

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